Hoy te cuento las tres razones reales por las que me fui al campo y me quedé.
No son razones románticas, ni de postal, ni de moda.
Son razones profundas, esenciales, de esas que no siempre se dicen.
Te las cuento porque, despuĂ©s de haber hablado con cientos de personas que han pasado por mis consultorĂas o que me han escrito contándome su situaciĂłn, sĂ© que no son solo mĂas.
Veo que muchas personas buscan exactamente lo mismo…
solo que no saben ponerle nombre.
Si te quedas un rato conmigo, te cuento.
¿Quieres ir más allá?
Cada semana envĂo a mi lista de correo emails exclusivos con reflexiones, experiencias, herramientas prácticas e ideas que sĂłlo comparto por email.
Si quieres avanzar de verdad,
apĂşntate aquĂ :
Vamos a verlo 👇
También puedes escucharme en:
👉 SPOTIFY
👉APPLE PODCAST
👉 AMAZON
👉 O ELIGE TU PLATAFORMA FAVORITA
O en Youtube:
O sigue leyendo aquĂ:
Durante años he escuchado muchas explicaciones sobre por qué alguien decide irse al campo.
Algunas suenan bien.
Otras son bonitas.
Muchas son superficiales.
Después de más de dos décadas viviendo en el mundo rural y de haber acompañado a cientos de personas en sus procesos de cambio de vida, tengo bastante claro que las razones reales suelen ser pocas, pero profundas.
No son modas ni impulsos pasajeros.
Son necesidades que, si no se escuchan, acaban pasando factura.
Hoy quiero compartir las tres razones esenciales que me llevaron a dejar la ciudad e irme al campo.
No porque sean universales, sino porque veo una y otra vez que muchas personas buscan exactamente lo mismo… aunque no siempre sepan ponerle nombre.
No fue romanticismo. Fue necesidad.
Cuando me fui de Barcelona tenĂa un buen trabajo, bien pagado, estabilidad y todo lo que se supone que define una “vida correcta”.
Pero habĂa algo que no encajaba.
No me fui por idealizar el campo.
Me fui porque la vida que llevaba no era la vida que querĂa vivir.
Con el tiempo entendĂ que mis razones eran claras, sĂłlidas y seguĂan vigentes año tras año.
Y son estas.
1. Libertad
La primera razĂłn fue la bĂşsqueda de libertad.
Libertad de decidir.
Libertad de tiempo.
Libertad mental.
Libertad de movimiento.
La ciudad, para mĂ, era una sensaciĂłn constante de hormiguero: transporte pĂşblico abarrotado, ruido permanente, prisas, agendas impuestas y la impresiĂłn de estar atrapada en un sistema que no habĂa elegido conscientemente.
Esto es algo que veo a diario en personas que quieren irse al campo:
no buscan una casa, buscan recuperar el control de su vida.
El campo no es mágico ni perfecto, pero ofrece un marco distinto.
Un entorno donde es más fácil cuestionar lo que das por hecho y construir una forma de vivir más alineada contigo.
No se trata de trabajar menos necesariamente, sino de vivir con más sentido.
2. Relaciones humanas reales
La segunda razón fue la necesidad de relaciones más directas y humanas.
Después de trabajar en un pueblo pequeño, descubrà algo que me marcó profundamente:
la manera de relacionarse era distinta.
PodĂas hablar con personas de todas las edades.
Acceder directamente a quien podĂa darte una respuesta.
HabĂa menos jerarquĂas artificiales y más trato de tĂş a tĂş.
Muchas personas que quieren cambiar de vida no saben explicar bien esto, pero lo sienten:
están cansadas de relaciones despersonalizadas, de estructuras rĂgidas, de rangos vacĂos y de una sociedad que valora más el estatus que a las personas.
A mĂ nunca me han impresionado los tĂtulos, los cargos ni las cuentas bancarias.
Defiendo el respeto mutuo y el trato horizontal.
Y, con todos sus matices y excepciones, en el mundo rural encontré más fácilmente ese tipo de relación.
No porque el campo sea ideal, sino porque el acceso a las personas suele ser más directo.
3. Paz
La tercera razĂłn fue la bĂşsqueda de paz.
La ciudad no me la daba.
Ni su ritmo, ni su ruido, ni su densidad constante.
El campo me ofreciĂł espacio.
Espacio fĂsico y espacio mental.
Ver cielo real.
Respirar aire limpio.
Caminar sin interrupciones.
Tener contacto directo con la tierra, con el bosque, con los animales.
Esto no se entiende solo con la cabeza.
Se siente en el cuerpo.
AquĂ veo otro patrĂłn muy claro en muchas personas:
no buscan un pueblo, buscan silencio interior.
Buscan un entorno que permita bajar el ruido, ordenar la mente y reconectar con lo esencial.
Y eso, para mĂ, fue determinante.
Lo que he aprendido con el tiempo
Estas tres razones siguen siendo válidas hoy, más de veinte años después.
No significa que todo haya sido fácil.
Ni que el campo sea idĂlico.
Ni que no haya habido momentos duros, errores o idealizaciones.
Pero sà significa que la vida que construà está alineada con lo que necesitaba.
Y eso marca la diferencia.
No sé si estas razones coincidirán con las tuyas.
Quizá tengas una sola.
Quizá sean otras.
Pero casi siempre son pocas y profundas.
Si algo de lo que has leĂdo aquĂ te ha resonado, probablemente no estĂ©s buscando más informaciĂłn, sino claridad.
Un espacio donde ordenar lo que llevas dentro y entender qué tipo de vida quieres construir.
Si te apetece seguir esta conversaciĂłn, puedes dejarme un comentario o unirte a mi lista de correo, donde comparto reflexiones, experiencias y herramientas que no publico en ningĂşn otro sitio.
A veces, ese primer espacio de claridad es el verdadero comienzo del cambio.
***
Si no sabes por dĂłnde empezar tu cambio de vida, cĂłmo definir tus verdaderas razones, mándame tu caso a la Mini AuditorĂa Menudo Atasco.
Es gratuita, personalizada y te respondo yo.
Te digo dĂłnde te estás complicando y cuál serĂa tu siguiente paso realista.
Pincha en el botĂłn y te cuento.