3 Razones para irte a vivir al campo

Hoy te cuento las tres razones reales por las que me fui al campo y me quedé.

No son razones románticas, ni de postal, ni de moda.
Son razones profundas, esenciales, de esas que no siempre se dicen.

Te las cuento porque, después de haber hablado con cientos de personas que han pasado por mis consultorías o que me han escrito contándome su situación, sé que no son solo mías.
Veo que muchas personas buscan exactamente lo mismo…
solo que no saben ponerle nombre.

Si te quedas un rato conmigo, te cuento.

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Durante años he escuchado muchas explicaciones sobre por qué alguien decide irse al campo.


Algunas suenan bien.
Otras son bonitas.
Muchas son superficiales.

Después de más de dos décadas viviendo en el mundo rural y de haber acompañado a cientos de personas en sus procesos de cambio de vida, tengo bastante claro que las razones reales suelen ser pocas, pero profundas.
No son modas ni impulsos pasajeros.
Son necesidades que, si no se escuchan, acaban pasando factura.

Hoy quiero compartir las tres razones esenciales que me llevaron a dejar la ciudad e irme al campo.
No porque sean universales, sino porque veo una y otra vez que muchas personas buscan exactamente lo mismo… aunque no siempre sepan ponerle nombre.

No fue romanticismo. Fue necesidad.

Cuando me fui de Barcelona tenía un buen trabajo, bien pagado, estabilidad y todo lo que se supone que define una “vida correcta”.
Pero habĂ­a algo que no encajaba.

No me fui por idealizar el campo.
Me fui porque la vida que llevaba no era la vida que querĂ­a vivir.

Con el tiempo entendí que mis razones eran claras, sólidas y seguían vigentes año tras año.
Y son estas.

1. Libertad

La primera razĂłn fue la bĂşsqueda de libertad.

Libertad de decidir.
Libertad de tiempo.
Libertad mental.
Libertad de movimiento.

La ciudad, para mĂ­, era una sensaciĂłn constante de hormiguero: transporte pĂşblico abarrotado, ruido permanente, prisas, agendas impuestas y la impresiĂłn de estar atrapada en un sistema que no habĂ­a elegido conscientemente.

Esto es algo que veo a diario en personas que quieren irse al campo:
no buscan una casa, buscan recuperar el control de su vida.

El campo no es mágico ni perfecto, pero ofrece un marco distinto.
Un entorno donde es más fácil cuestionar lo que das por hecho y construir una forma de vivir más alineada contigo.

No se trata de trabajar menos necesariamente, sino de vivir con más sentido.

2. Relaciones humanas reales

La segunda razón fue la necesidad de relaciones más directas y humanas.

Después de trabajar en un pueblo pequeño, descubrí algo que me marcó profundamente:
la manera de relacionarse era distinta.

PodĂ­as hablar con personas de todas las edades.
Acceder directamente a quien podĂ­a darte una respuesta.
Había menos jerarquías artificiales y más trato de tú a tú.

Muchas personas que quieren cambiar de vida no saben explicar bien esto, pero lo sienten:
están cansadas de relaciones despersonalizadas, de estructuras rígidas, de rangos vacíos y de una sociedad que valora más el estatus que a las personas.

A mĂ­ nunca me han impresionado los tĂ­tulos, los cargos ni las cuentas bancarias.
Defiendo el respeto mutuo y el trato horizontal.

Y, con todos sus matices y excepciones, en el mundo rural encontré más fácilmente ese tipo de relación.

No porque el campo sea ideal, sino porque el acceso a las personas suele ser más directo.

3. Paz

La tercera razĂłn fue la bĂşsqueda de paz.

La ciudad no me la daba.
Ni su ritmo, ni su ruido, ni su densidad constante.

El campo me ofreciĂł espacio.
Espacio fĂ­sico y espacio mental.

Ver cielo real.
Respirar aire limpio.
Caminar sin interrupciones.
Tener contacto directo con la tierra, con el bosque, con los animales.

Esto no se entiende solo con la cabeza.
Se siente en el cuerpo.

AquĂ­ veo otro patrĂłn muy claro en muchas personas:
no buscan un pueblo, buscan silencio interior.

Buscan un entorno que permita bajar el ruido, ordenar la mente y reconectar con lo esencial.
Y eso, para mĂ­, fue determinante.

Lo que he aprendido con el tiempo

Estas tres razones siguen siendo válidas hoy, más de veinte años después.

No significa que todo haya sido fácil.
Ni que el campo sea idĂ­lico.
Ni que no haya habido momentos duros, errores o idealizaciones.

Pero sí significa que la vida que construí está alineada con lo que necesitaba.

Y eso marca la diferencia.

No sé si estas razones coincidirán con las tuyas.
Quizá tengas una sola.
Quizá sean otras.
Pero casi siempre son pocas y profundas.

Si algo de lo que has leído aquí te ha resonado, probablemente no estés buscando más información, sino claridad.
Un espacio donde ordenar lo que llevas dentro y entender qué tipo de vida quieres construir.

Si te apetece seguir esta conversaciĂłn, puedes dejarme un comentario o unirte a mi lista de correo, donde comparto reflexiones, experiencias y herramientas que no publico en ningĂşn otro sitio.

A veces, ese primer espacio de claridad es el verdadero comienzo del cambio.

***

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