Lo que cuesta REALMENTE comprar una casa en el campo

¿Cuánto cuesta realmente una casa en el campo?

¿Cuáles son los costes reales a tener en cuenta antes de comprar una casa en el campo?

¿Qué hay que tener en cuenta antes de comprar?

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¿Cuánto cuesta realmente comprar una casa en el campo?

Porque una cosa es el precio que ves en el anuncio…
y otra muy distinta lo que acabas pagando de verdad.

Y esto es algo que mucha gente descubre demasiado tarde.

Ves una casa por 40.000 €, por 60.000 €, por 90.000 €… y piensas:
“Bueno, todavía puedo permitírmelo”.

Pero luego empiezan a aparecer cosas.

Impuestos.
NotarĂ­a.
Reformas.
Electricidad.
Tejado.
Humedades.
Legalizaciones.
Profesionales que no encuentras.
Materiales disparados de precio.

Y lo que parecía una oportunidad… a veces deja de serlo.

Llevo muchos años viendo este tipo de situaciones, tanto en España como en Francia, y hoy quiero contarte algunas cosas importantes que deberías tener en cuenta antes de comprar una casa en el campo.

Porque no se trata solo de comprar una casa.

Se trata de entender el proyecto entero.

El precio de venta no es el precio real

Esto es lo primero que mucha gente no calcula bien.

TĂş ves un precio de venta.
Pero a ese precio hay que añadirle más cosas sí o sí.

NotarĂ­a.
Impuestos.
Registro.
Gastos administrativos.

En España, dependiendo de la comunidad autónoma y del tipo de vivienda, puedes acabar pagando perfectamente entre un 5% y un 15% adicional sobre el precio de compra.

Y esto hay que tenerlo previsto desde el principio.

Porque si vas justo econĂłmicamente, ese margen puede marcar la diferencia.

Por ejemplo, mucha gente no tiene en cuenta el ITP (Impuesto de Transmisiones Patrimoniales), que puede variar bastante dependiendo de si esa casa va a ser tu vivienda habitual o no.

En Francia funciona distinto, pero igualmente existen gastos asociados.

La idea importante es esta:

Al precio de compra, sĂşmale siempre un margen importante para curarte en salud.

Porque luego vienen las sorpresas.

Las reformas en el campo no son baratas

AquĂ­ hay otro gran error de percepciĂłn.

Hay personas que ven una casa antigua y piensan:
“Bueno, ya la iré arreglando”.

SĂ­.

Pero arreglar una casa cuesta dinero.
Y muchísimo más del que la mayoría imagina.

Primero, porque faltan profesionales.

Y esto está pasando en casi toda Europa.

Electricistas.
Fontaneros.
Albañiles.
Carpinteros.

Muchos están saturados de trabajo.
Y los que son buenos, todavía más.

A veces el problema no es solo el dinero.

Es que no encuentras quién haga el trabajo.

Y mientras tanto pasan los meses.
O los años.

Además, los materiales han subido muchísimo de precio en los últimos años.

Y una reforma combina dos cosas caras:
mano de obra + materiales.

Mala combinaciĂłn para quien entra sin calcular bien.

Hay problemas que no ves… hasta que empiezas

Esto pasa constantemente.

Casas que aparentemente están bien… y luego aparecen:

  • goteras
  • humedades
  • instalaciones elĂ©ctricas antiguas
  • fosas sĂ©pticas en mal estado
  • ventanas que no aĂ­slan
  • tejados deteriorados
  • calefacciones carĂ­simas de mantener

Y claro, todo suma.

Por ejemplo, una cosa que mucha gente desconoce:

En España, si una vivienda lleva años sin suministro eléctrico, puede ocurrir que te obliguen a rehacer toda la instalación eléctrica para volver a darla de alta.

No es solo “dar la luz”.

Puede implicar:

  • boletines
  • electricista autorizado
  • instalaciĂłn nueva
  • certificados
  • contador de obra

Y eso cuesta dinero.

Mucho más del que imaginas cuando ves el anuncio de la casa.

Una reflexiĂłn interesante que me hizo una agente inmobiliaria

Hace años, una agente inmobiliaria me dijo algo que se me quedó grabado.

Me dijo:

“Cuando compres una casa, piensa como si algún día tuvieses que venderla”.

Y creo que tiene mucho sentido.

Porque una casa no vale solo lo que pagas por ella.

Vale:

  • lo que pagas
  • más lo que inviertes
  • más el tiempo
  • más el desgaste
  • más los problemas

Y hay veces que todo eso supera el valor real de mercado de la vivienda.

Entonces aparece la frustraciĂłn.

Personas que compraron pensando que hacían una buena operación…
y años después no pueden recuperar ni lo invertido.

El tema de las casas no registradas

Este tema da para muchĂ­simo.

Porque en España hay infinidad de viviendas que existen físicamente…
pero no constan correctamente en el Registro de la Propiedad.

Y mucha gente compra sin entender bien lo que eso implica.

SĂ­, muchas veces se pueden legalizar.

Pero legalizar cuesta dinero.

Arquitectos.
Planos.
Registro.
Trámites.
Técnicos.

Hace poco alguien me comentó que legalizar su vivienda le había costado 18.000 €.

Y no es un caso aislado.

Por eso hay que mirar estas cosas muy bien antes de comprar.

Porque una vivienda no registrada puede parecer más barata…
pero luego el coste aparece por otro lado.

Ojo con los terrenos y las “casas prefabricadas”

Este es otro tema donde hay muchĂ­sima desinformaciĂłn.

Hay personas que compran un terreno pensando:

“Ya pondré una casa de madera”.
“O unos contenedores”.
“O algo móvil”.

Y no siempre se puede.

Aunque el agente inmobiliario diga que sĂ­.

Aunque alguien del pueblo diga que sĂ­.

Aunque el alcalde diga que sĂ­.

Quien manda realmente es urbanismo.

Y hasta que no tienes autorizaciĂłn clara, no puedes dar nada por hecho.

Porque hay lugares donde no permiten determinadas construcciones, aunque el terreno sea urbano.

Y esto genera muchĂ­simos problemas.

Entonces… ¿qué deberías mirar realmente?

Resumiendo mucho:

  • El precio real de compra
  • Impuestos y notarĂ­a
  • Estado legal de la vivienda
  • Coste real de las reformas
  • Disponibilidad de profesionales
  • Estado del tejado
  • Electricidad
  • Aislamiento
  • CalefacciĂłn
  • Agua y saneamiento
  • Posibilidad futura de reventa

Y sobre todo:
si el proyecto tiene sentido para tu vida.

Porque una casa barata puede salir muy cara.

Y una casa cara puede acabar siendo una buena compra.

Depende de muchĂ­simas cosas.

Comprar una casa en el campo no va solo de ilusiĂłn

La ilusión está bien.

De hecho, hace falta.

Pero no basta.

Porque luego llega la realidad cotidiana.

Y ahĂ­ es donde se ve si el proyecto estaba bien pensado o no.

Por eso siempre digo lo mismo:

No se trata de tener miedo.
Se trata de entender bien dónde te estás metiendo.

Con criterio.

Con calma.

Y viendo el conjunto entero.


Si estás en ese momento de pensar seriamente en irte al campo, en mi lista de correo comparto reflexiones, experiencias y criterios para tomar este tipo de decisiones con más claridad.

Y si ya estás en el punto de tener que decidir de verdad —dónde ir, qué tipo de lugar elegir o si dar el paso—, en la sesión Tu Plan trabajamos tu caso concreto para aterrizarlo con criterio.

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