Irte a vivir al campo el año que viene es posible (si haces esto)

Este es el último episodio del año.

Y en él quiero decirte algo sencillo, pero importante:
irte a vivir al campo el año que viene es posible, si defines bien lo que quieres y trazas un plan realista.

En este episodio hablo de objetivos, de planes, de miedos, de excusas, de aprendizajes y de por qué pensar demasiado sin actuar puede alargar un cambio de vida durante años.

No es un episodio motivacional.
Es una reflexión honesta, desde la experiencia, para cerrar el año con los pies en la tierra.

Si te quedas un rato conmigo, te cuento.

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Un objetivo claro y un plan real

(o por qué pensar no es avanzar)

El primer mensaje que quiero darte —el que resume todo lo demás— es muy simple.
Tan simple que a veces se nos olvida.

Si quieres conseguir algo en la vida, lo que sea, necesitas definir muy bien qué quieres.

De verdad.
Sin ideas vagas.
Sin “ya veré”.
Sin “cuando pase esto, aquello y lo otro”.

Un objetivo definido.

A partir de ahí, lo siguiente es trazar un plan.
Y después, seguirlo paso a paso, sin excusas.

No hay más.

Un objetivo asumible. Sin mil premisas.

Esto es infalible.

Leo y escucho constantemente lo mismo:

“Yo quiero irme al campo, pero cuando pase A, B, C, D, E, F, G…”

Demasiadas premisas.
Mal plan.
Difícil de conseguir.

Un objetivo claro.
Unos requisitos.
Y, si te has pasado poniendo condiciones, limpieza de requisitos.

Renunciar a lo inasumible.
Aunque sea temporalmente.
Porque no todo se puede tener a la vez.

Después, definir los pasos.
Y llevarlos a cabo.
Sin salirte del plan.
Sin cambiar de idea a cada impulso.

Eso es todo.

Se puede, aunque no sea fácil

Tengo una prima que en seis meses ha hecho un cambio de vida bestial.

A finales de junio hablábamos de la idea.
Y en unas semanas estará hecho.

No lo tenía fácil.
Y no le está resultando fácil.

A nivel interno: ansiedad, frustración, vértigo, miedo, momentos de mucho estrés.
A nivel externo: una locura para que muchas cosas —que no siempre dependen de ti— funcionen y cuadren.

Pero se puede.

Yo misma me fui de la ciudad al campo en seis meses.
Mejor o peor, pero lo hice.

El paso definitivo de venirme a Francia también fue en seis meses.
Eso sí: la idea la había rumiado durante diez años. Diez.

Porque rumiar, poner excusas, quedarte en lo malo conocido o en lo cómodo conocido es fácil. Muy fácil.

No salió mal. No salió como esperabas.

En todos los años que llevo acompañando a personas en su paso de la ciudad al campo, he conocido a muchas —no una ni dos— que dieron el paso y no les salió como querían.

Compraron una casa.
Se fueron a un lugar concreto.
Y dijeron: “no me ha salido bien”.

Y a algunos, en confianza, se lo decía claro:
no es que no te haya salido bien,
es que no te ha salido como esperabas.

Sigue intentándolo.

Cuando se revisa la experiencia, se cambia la perspectiva, se ajustan los requisitos y se redefine el plan, la segunda vez suele ir mejor.
Más fácil.
Más rápido.

Y la tercera, todavía más.

No son fracasos.
Son aprendizajes.

Nada es seguro. Y eso también hay que asumirlo.

Te diré una cosa, por si eres de los que se obcecan, se obsesionan y quieren tenerlo todo controlado.

Te lo digo por experiencia.

No hay nada completamente seguro.
Pocas cosas son realmente controlables.
Las teorías no son leyes.
Y lo que tienes en la cabeza no siempre sale como esperabas a la primera.

Puedes creerme o no.
Ahí lo dejo.

En el caso de mi prima, puede parecer que se han alineado los astros uno tras otro.
Pero no siempre es así.

Y aun así, vivido desde dentro, no es fácil.

Cada persona parte de su realidad.
De sus condiciones.
De lo que quiere conseguir.

El tiempo pasa igual

Puede que tardes un mes.
Tres.
Seis.
Un año.
Dos.

Pero no te pongas mil excusas, porque entonces lo alargarás diez años…
o no lo harás nunca.

Puedes rezar a Dios, a Buda, a la Virgen de los Milagros.
Peregrinar a Lourdes o jugar a la lotería.
Cada uno tiene sus creencias y hay que respetarlas.

Pero ten un plan.

Cuanto más realista seas contigo misma,
cuanta más capacidad de adaptación, observación y disciplina tengas,
mejor.

Y eso se trabaja.
Se entrena.

Del dicho al hecho

Si quieres realmente hacer un cambio de vida.
Si quieres pasar del dicho al hecho.
De la idea a la realidad.

Vas a tener que ponerte.
Currártelo.
Nadie lo va a hacer por ti.

Trazar un plan.
Tu plan.
No el de fulanito o menganito.

No hay fórmulas mágicas en esto.
Tiene que ser el tuyo.

Y adelante.

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Es donde comparto lo que no hago en ninguna otra parte, y quizá ahí encuentres la inspiración o el empujón que ahora mismo te falta para dar el paso.

Que tengas un buen final de 2025.
Con quien quieras.
Como quieras.

Nos vemos aquí de nuevo en 2026.
En la lista, antes.

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